
14 de Noviembre de 2008
“Una escuela que mueve a su comunidad”
Aquí puedes ver la edición original de este reportaje
Por Carmen Rodríguez
En enero último, en Punta Arenas se registraron vientos de hasta 148 kilómetros por hora. Los niños de la escuela Padre Alberto Hurtado se dieron cuenta del fenómeno y enviaron los datos a la Dirección de Aeronáutica Civil, que los validó como los más certeros de la comuna.
En esta escuela, ubicada en uno de los sectores más vulnerables de la ciudad, se encuentra la única estación meteorológica del país que es manejada por niños. Desde que comenzó, en 1998, ellos no sólo han registrados día a día los datos climatológicos de la ciudad. También han hecho investigaciones que prueban cómo el cambio climático afecta a Punta Arenas: temperaturas más altas y precipitaciones menos sólidas.
Pero esta es sólo una de las particularidades de la escuela. Hay varias otras que explican por qué este establecimiento que partió en 1995 con 456 alumnos —de los cuales un tercio eran repitentes o expulsados de otros colegios— hoy tiene 788 estudiantes, que completan los cupos anuales dejando a cerca de 200 en lista de espera.
Cada año hay más padres que, la noche antes de iniciarse las matrículas, duermen en carpa junto a la escuela para obtener un lugar al día siguiente, según cuentan los mismos apoderados.
“Lo que encuentras aquí no lo vas a encontrar en otro colegio municipalizado ni en muchos particulares. Es una entrega excelente, no sólo en lo académico, también en las actividades extraprogramáticas, que son amplias y variadas”, dice Cecilia Moya, una de las apoderadas que participa activamente en el colegio, colaborando en el aula con la profesora de 1° básico.
Hay dos orquestas, un coro de lenguaje de señas, un centro meteorológico, un noticiario de TV para la escuela, un centro de promoción de vida saludable. Y todo manejado por los propios niños.
Abriendo puertas
Son cerca de las 18:00 horas. Las clases, y también la luz del sol, se acabaron hace rato. El director, Juvenal Henríquez, hace un recorrido por la escuela. Abre puertas y va mostrando a los niños en distintas actividades.
Los del coro de señas ensayan en el hall. Expresiones faciales, movimiento de manos y hasta de cuerpo les sirven para expresar la canción “Libertad”, basada en el coro “Va pensiero” (“Nabucco”, Verdi). Al centro, uno de sus mejores intérpretes: Hans Sporman (11), el niño con discapacidad auditiva que inspiró la idea del taller que dio origen al coro. “Los compañeros de Hans quisieron aprender lenguaje de señas para poder comunicarse con él. Y, a la vez, ellos han ganado mucho: capacidad de entrega y de ponerse en el lugar del otro”, dice Luz Hernández, educadora a cargo del taller.
“Estos son los valores que nosotros entregamos y que no se miden en ningún Simce”, agrega Juvenal Henríquez. “Cuando partimos con esta escuela, corríamos el riesgo de ser estigmatizados por estar recibiendo a niños repitentes y marginados del sistema. Y tuvimos dos opciones: o lamentarnos o pensar estrategias para transformar esta escuela en un lugar acogedor y atractivo. Optamos por lo último”, dice el director en su oficina, donde un cuadro reproduce estas palabras: “No te rindas”: “Cuando las cosas vayan mal, cuando todo empeora, el que es valiente no se rinde… ¡lucha!”.
Golpear puertas
Juvenal, el director, no sólo ha luchado contra el clima, regando personalmente las plantitas que, porfiadamente, plantó en la entrada de la escuela. También conquistó a las familias de un sector con muchos problemas socioeconómicos. “Ofrecimos talleres gratuitos para los padres: cocina, peluquería, corte y confección, y así los fuimos atrayendo”.
Para financiar las distintas actividades que ofrecen a padres e hijos, han golpeado las puertas de la empresa privada (por ejemplo, los {lsquo}apadrina' Aguas Magallanes) y han sabido postular a fondos públicos. Así fue como lograron comprar los instrumentros para una orquesta de de bronces y otra de cuerdas.
Ahora el hall es ocupado por esos instrumentistas. Tras el ensayo, José Flores (13) guarda su cello con sumo cuidado. “Gracias a él he conseguido muchas cosas. Yo antes era el rebelde acá, y ahora tengo las mejores notas”.
José vive con sus abuelos en la población “18 de septiembre”. Su mamá vive en la “Pablo Neruda” y a su papá no lo ve. Cuenta que en tercero básico se escapaba de clases y era el dolor de cabeza de los profesores. Al año siguiente entró a la orquesta de cuerdas y todo empezó a cambiar. “La música me ha ayudado a ser más estudioso. El profesor me estuvo aconsejando; él tampoco había vivido con su papá, y así nos fuimos entendiendo. Cuando estoy enojado, me da por tocar y se me pasa”.
CLAVES:
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Liderazgo Un director creativo que sabe buscar alianzas dentro y fuera de la escuela para sacar adelante los distintos proyectos.Trabajo en equipo Los docentes y todo el personal que trabaja en la escuela se sienten parte de una labor valiosa.Comunidad incorporada La escuela ha compartido sus logros con las familias que viven en el sector. |
Comunicación permanente
Juvenal Henríquez, director: “Esta escuela está abierta a la comunidad, y el compromiso de los apoderados ha sido clave. Los padres valoran todo lo que hacemos para que sus hijos sean personas autónomas y con una mejor autoestima”.
Cecilia Moya, apoderada: 'Este colegio y especialmente la oficina del director tienen las puertas abiertas a los padres. A don Juvenal no hay que pedirle hora y se toma todo el tiempo necesario para escucharte y responderte”.








