Liceo Domingo Herrera de Antofagasta

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14 de Noviembre de 2008

“Un liceo que entrega a los niños fe en sí mismos”
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'Cada uno de ustedes tiene las capacidades para ser todo lo que quieran ser'. Los 1.473 alumnos del Liceo Domingo Herrera Rivera de Antofagasta (B-13) volvieron a clases este martes. Y esas fueron las palabras de la directora, Rosa Forttes, en el acto de bienvenida.

CLAVES

Apoyo emocional. Hay un constante trabajo en lo afectivo, que va desde mensajes en las paredes que invitan a 'ver el lado bonito de la vida' a iniciativas de mediación de conflictos entre pares.

Compromiso. La posibilidad de los profesores de hacer proyectos hace que se comprometan con su trabajo. Tienen jornadas de reflexión y ellos mismos consiguen alianzas con universidades y otras instituciones para sacar adelante sus iniciativas.

Participación. Los alumnos y los padres son considerados en la toma de decisiones del colegio. Además, para evitar que las familias se desentiendan del proceso educativo, cada alumno tiene un apoderado titular y otro suplente.

Apoyo Económico. Los padres que pueden (cerca de la mitad) aportan $2.500 mensuales, que permiten apoyar iniciativas de alumnos y profesores.

Un mensaje que Katherine Saavedra (20) sentía ajeno en 2003, cuando entró a cursar 1º medio al colegio. Su situación era dura: perdió a su papá cuando aún era niña por una enfermedad y su mamá falleció cuando tenía 13, sin que ella sepa aún el motivo. Más encima, no tenía plata para estudios superiores. 'Por eso era muy callada, quería estar sola', recuerda.

Para su suerte, ese año el liceo abrió la Casita de Acogida, un proyecto que impulsó la orientadora Sonia Espinosa. La idea era contar con un lugar donde, durante las horas de clase, los niños con más dificultades físicas, emocionales o económicas pudieran juntarse a compartir sus problemas y sentir el apoyo de otros.

'Acá vemos que los problemas se pueden superar. La resiliencia es eso: la capacidad de resistir las situaciones conflictivas', explica Cristopher Salazar (18), de 3º medio, quien vive de allegado y tiene serios trastornos visuales. Él y sus compañeros se llaman a sí mismos 'resilientes' con toda naturalidad y le explican a quien pregunte el origen del concepto: la capacidad de los metales de resistir altas presiones y procesos químicos.

En total, son unos 50 los jóvenes que aquí han encontrado una familia. 'Más que amigos, somos hermanos. Incluso podría decir que ésta es mi verdadera casa', dice Cristopher. A unos les cuesta caminar, otros trabajan, vienen de familias rotas, viven en la pobreza o han sido maltratados en su hogar.

'Con estos problemas ellos podrían desertar del sistema. Por eso acá uno les muestra que los problemas, en realidad, son desafíos que deben superar. Y por eso voy a todos lados para buscar que los apoyen', explica Espinosa, o la 'tía', como la llaman los niños.

Katherine Saavedra es ejemplo de ello: 'De a poco me fui proyectando y vi que podía'. Hoy, de hecho, estudia prevención de riesgos, gracias a una beca que le consiguió la 'tía'.

ESPÍRITU LICEANO

El B-13 está entre los tres mejores liceos municipales de Antofagasta en Simce y la PSU. Lo ha logrado pese a que la mitad de sus alumnos son vulnerables y a que todavía no cuentan con jornada escolar completa, por lo que sus alumnos tienen que asistir en dos turnos. 'Acá todo cuesta un poco más', resume Luisa Murillo, jefa de UTP.

Foto color Rosa Forttes

'Partimos de la base de que hay que creer en todos los niños, pero poniendo metas altas. Así es como logran superarse'.
(Rosa Forttes, directora del establecimiento).

Todo un desafío para los profesores, que tienen en el aula a alumnos que incluso rozan la ceguera o la sordera. 'Es muy exigente, pero uno ve el esfuerzo de estos niños y se admira', dice Iván Castillo, profesor de ciencias.

Asegura que la clave de los buenos resultados es entusiasmar a los alumnos: 'La idea es abrirles puertas a todos. Si los alumnos tienen proyectos o quieren participar en actividades, se les apoya. Veo que los alumnos notan eso, lo valoran y se identifican con su colegio'.

Tanto es así, que varias ideas del plan de ampliación del colegio, que empezará en noviembre, surgieron de los propios estudiantes. 'Y con los profesores pasa lo mismo. Llegan con muchos proyectos, y nosotros nunca les decimos que no', señala la directora.

Los ejemplos sobran: el liceo impulsa investigaciones científicas de sus alumnos, hay un proyecto para potenciar las matemáticas y los profesores aportan nuevos contenidos a las clases. Además, hay iniciativas como la premiada banda de guerra y la recién creada orquesta de cámara.

El éxito más reciente lo tuvo el propio Castillo con el alumno Franco Colón (17), de 4º medio. Su proyecto para clonar plantas andinas en peligro de extinción fue reconocido hace dos semanas en una feria mundial realizada en Sudáfrica. Sus logros le han permitido a Franco recibir ofrecimientos de becas para estudiar en la U. de Antofagasta y en el Tecnológico de Monterrey.

Pero no siempre todo funciona. De hecho, a la feria en Sudáfrica habían clasificado dos proyectos del colegio. Sin embargo, por el escaso apoyo económico, sólo pudo viajar uno. Pero el otro equipo, que lleva tres años investigando nutrientes biológicos para cultivar lechugas hidropónicas, no baja los brazos: ya lograron certificarse para otra feria, que se hará en noviembre en Brasil.

Ese compromiso y entusiasmo de profesores y alumnos es lo que llaman 'espíritu liceano', una especie de mística interna que hace que muchos terminen volviendo al colegio. Sin ir más lejos, buena parte de los docentes son egresados del B-13.

'Desde el comienzo el liceo les hizo sentir a los niños que eran importantes. Creo que es justo eso lo que nos ha llevado a ser lo que somos en este momento', dice Rosa Forttes.

Jorge Cortés (17) lo siente. Tiene que trabajar en un supermercado para subsistir. En su casa viven casi hacinadas 8 personas. No conoce a su padre y para su padrastro es 'como que no existiera'. Y pese a eso, este alumno de 3º medio que sueña con ser futbolista, marino o ingeniero en minas, dice con una sonrisa en el rostro: 'Este liceo me cambió todo'.

'Partimos de la base de que hay que creer en todos los niños, pero poniendo metas altas. Así es como logran superarse'.

Por Manuel Fernández Bolvarán. Fotos: Glenn Arcos, El Mercurio.
INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Mercurio el 29 de julio de 2007, como parte de la serie 'Educación y Pobreza' que publica el Área de Educación de Fundación Chile en conjunto con el diario El Mercurio,