
14 de Noviembre de 2008
“Una comunidad que educa unida a sus hijos”
Aquí puedes ver la edición original de este reportaje
Por Pameda Elgueda Tapia
Hace 10 años, tres dirigentas de la población Nueva Patagonia de La Pintana les preguntaron a sus vecinos qué era lo que más necesitaba su comunidad. El 99% de ellos no lo dudó: un jardín infantil.
Con ese mandato, Aída Martínez, Angélica Rojas, Ana Uribe y doce mamás del barrio no dejaron trámite por hacer hasta conseguir levantar, en abril de 1999, el Centro Infantil Millaray, que hoy acoge a 50 niños de 2 a 5 años y mantiene una lista de espera de otros 60.
Tal demanda no es extraña: quienes atienden y educan a los niños son vecinas del sector, que se han capacitado para cumplir su rol de manera profesional. “Siempre supimos que nosotras nos haríamos cargo de cuidar a los niños, pero también que necesitábamos que alguien nos guiara, porque no teníamos cómo darles una enseñanza más educativa”, comenta Angélica Rojas, haciendo un alto en su labor de auxiliar de aseo del centro.
Por eso, apoyadas por el municipio local, llegaron hasta el Hogar de Cristo, que las ayudó a organizar la administración del centro y ahora les ofrece capacitación permanente para el personal que ahí trabaja.
Y así partieron: “Bien pobrecitos”, recuerda Angélica, en una mediagua, manteniendo los alimentos en una tina para que no se echaran a perder y contando con la ayuda de las mamás para darles almuerzo a los 15 niños del inicio.
Enseñanza de calidad
En ocho años las cosas han cambiado. Ahora están en un edificio de la Corporación Jesús Niño, que les arrienda el primer piso donde funcionan con tres salas, baños, un patio con juegos, una cocina equipada y una bodega. “Ya no somos un grupo de pobladoras, sino que una organización, lo que nos permitió postular a Integra y recibir una subvención por niño, que se unió a la que nos da la municipalidad. Y con eso, pudimos hacer contratos y pagar sueldos”, comenta Angélica.
Poco a poco, el personal del jardín se ha ido profesionalizando. De hecho, la idea es que cada una asista, al menos, a cinco capacitaciones al año (ver recuadro). Además, dos de las tías de sala están estudiando educación de párvulos con una beca entregada por el Hogar de Cristo. “Estudio para entregarles todo lo que sé a estos niños, que son vulnerables por el entorno en que se encuentran”, describe Karina Cárdenas, una de las tías que va a la universidad.
Parte de ese aprendizaje continuo es sobre la metodología Montessori, que se aplica en el jardín junto con las bases curriculares dadas por el ministerio de Educación.
El método Montessori fomenta el respeto por el niño, por su opinión, y le enseña a respetar al otro. Además lo hace protagonista de su propio aprendizaje”, dice Karina Cárdenas. Para Mónica Barrera, ex apoderada del jardín y una de las encargadas del horario de extensión (que va de 16:30 a 19:00), los frutos de esta enseñanza son “niños independientes y más despiertos”.
Lo más importante, destaca Karina, “es que se entrega educación de calidad”, que los padres agradecen y en la que también participan. “Ellos pueden pagar una mensualidad ($2 mil) que es voluntaria o pueden hacer algún trabajo para el jardín que también es voluntario. Eso lo hacen mucho: vienen los fines de semana a limpiar las salas, se llevan las frazadas, las sábanas y
los manteles y devuelven todo, los lunes, lavado y planchado”.
Angélica Hidalgo, la otra tía que estudia en la universidad, siente que ese compromiso de los padres es porque el jardín les da una esperanza a sus hijos. “La gente tiene catalogado este sector, El Castillo, como que de acá salen puros delincuentes y eso es injusto. Los niños de acá tienen derecho a las mismas oportunidades que los otros niños, y sus papás también”.
CLAVES EDUCATIVAS
Trabajo comunitario
Una comunidad completa decide que necesita un jardín infantil. Un grupo de vecinas trabaja hasta sacarlo adelante y la comunidad lo cuida.
Equipo cohesionado
Quienes laboran en el jardín forman un equipo que, semana a semana, analiza el trabajo, evalúa sus resultados y propone mejoras.
Padres comprometidos
Muchos no pueden dar un aporte en dinero. Por eso lo hacen en trabajo, dando talleres para los niños, limpiando las salas u otras labores.








