
14 de Noviembre de 2008
“En Huasco saben que la letra con cariño entra”
Aquí puedes ver la edición original de este reportaje
Por Manuel Fernández Bolvarán
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EN CIFRAS |
Apenas el director Nelson Godoy pone un pie en el patio de la escuela se oye el grito de un grupo de alumnos: '¡El dire! ¡El dire!'. En cosa de segundos, los niños rodean a Godoy y lo abrazan, mientras él les pregunta cómo han estado.
Es hora de recreo en la escuela municipal Mireya Zuleta de Huasco (III Región) y por los patios de tierra se ven varios profesores conversando o ayudando a los estudiantes con cuaderno en mano. Otros participan en sus juegos, distendidamente.
No es algo casual, sino el reflejo de la filosofía de este colegio de 523 alumnos de prekínder a 8º básico. 'Acá los niños vienen de casas muy disgregadas, tanto por quiebres familiares como porque los papás deben ir a trabajar lejos', explica el director. Por eso el énfasis está puesto en lograr que los niños se sientan acogidos. Incluso, dice Godoy, 'varias veces los profesores tienen que asumir el rol de padres'.
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Actores y testigos del buen ambiente |
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'Desde chicos les decimos que su meta debe ser convertirse en profesionales, nada menos. Y para eso les damos los contenidos y el apoyo emocional necesario. La relación con los chicos es muy buena, hasta me han ido a ver a la casa cuando me enfermo'. |
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'Con mi mamá vivimos en hartas partes antes de llegar acá. Ahora nos llega algo de plata de mi papá, que es carpintero, pero mi mamá gana un poco limpiando autos. En este colegio he avanzado harto, he aprendido muchas cosas. Los profes son buena onda y los compañeros también. Aunque igual hay unos más pesados'. |
Sergio Cifuentes (11) es un ejemplo de eso. Tiene cuatro hermanos, todos de padres distintos al suyo. Tres se reparten entre Iquique, Calama y Copiapó. Del cuarto, entregado en adopción, nada sabe. En 2007, tras años sin un techo, él y su madre llegaron a Huasco a vivir en un terreno que les cedió la municipalidad. Con los 120 mil pesos que ella juntó pidiendo en Antofagasta, pudieron construir una pequeña pieza.
Una situación que Sergio describe sin desdibujar la alegría de su cara. Sus sueños son más claros que nunca: 'Es que me han recibido bien en el colegio, es como mi casa. Ahora me tengo que sacar buenas notas para ser aviador cuando grande y poder ayudar a mi mamá'.
TODOS JUNTOS
Para conseguir ese clima acogedor, la escuela cuenta con múltiples estrategias. Por ejemplo, los alumnos tienen las puertas abiertas de todas las autoridades del colegio para plantear sus problemas. Incluso por carta, para los más tímidos. En tanto, los profesores participan en todas las coreografías y actos que se organizan.
'Los colegas de otros liceos no me creen, pero en los últimos 13 años acá se han roto sólo tres sillas', dice Godoy. Claro que la idea no es sólo que los alumnos se porten bien, sino que aprendan. Por eso la escuela participa en tres iniciativas pensadas para integrar la afectividad a la sala de clases.
Uno de ellos viene de la fundación Crecer Educa. Consiste en actividades en que los alumnos puedan expresar sus emociones a través de cuentos y dibujos hechos por ellos mismos. De esta forma, los profesores han ido conociendo la realidad de los niños con los que trabajan. Incluso los mismos profesores replican entre ellos estos ejercicios periódicamente para fortalecer su convivencia como grupo.
'Es muy importante conocer al niño. Cuando hay un lazo afectivo entre el profesor y el alumno, se genera un mayor compromiso e interés por el estudio', explica la profesora de 1º básico, Pilar Torrejón.
También cuentan con la ayuda del Area de Educación Fundación Chile a través de su programa 'Mejor escuela para Atacama', proyecto financiado por Fundación CAP, en el que los profesores se han capacitado para dominar técnicas lúdicas y efectivas para desarrollar y potenciar las habilidades lectoras.
Además, el colegio tiene un club científico, apoyado por Explora Conicyt, en el que un grupo de 20 alumnos, fuera del horario de clases, hacen investigaciones en el humedal del río Huasco. 'Es una actividad en que aprenden ciencia en terreno y, además, se comparte humanamente', explica la profesora a cargo, Mirtha Huerta.
La familia tampoco queda de lado. Los papás participan en los actos de inicio de semana y se les pide organizar talleres para la jornada escolar completa.
Incluso, 13 apoderados con dificultades económicas han sido integrados como auxiliares. Una de ellas es Dominga Vargas, quien llegó a la escuela en 2006 con su hijo Darío. Sus problemas con el alcohol estaban llegando al extremo: 'En el colegio anterior molestaban a mi niño por lo que yo hacía. Casi me lo quitan. Pero decidí hacer un tratamiento y llegué al Mireya pidiendo una oportunidad'.
En el liceo le dieron trabajo, recibieron a su hijo y hasta la apoyaron con alimentación. 'No he vuelto a beber y el Darío ha progresado harto, quiere ir a la universidad y ahora está feliz conmigo. Este colegio me cayó del cielo', asegura.
CLAVES DEL PROYECTO EDUCATIVO
APOYO EXTERNO
Dos fundaciones asesoran al colegio en matemática y lenguaje. Además, el municipio implementará un aula interactiva en 2008, y con fondos regionales el colegio será remodelado en 2010.
DECISIONES OPORTUNAS
La política es corregir las fallas apenas se detectan. Por ejemplo, tras un mal resultado en el Simce de lenguaje, se adoptaron los programas para mejorar la enseñanza en esa área.
CALIDAD DOCENTE
Los profesores no tienen problema en someterse a capacitaciones y evaluaciones. Todos han participado en la evaluación docente, calificando como competentes y destacados.
Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Mercurio el 30 de diciembre de 2007, como parte de la serie 'Educación y Pobreza' que publica el Área de Educación de Fundación Chile en conjunto con el diario El Mercurio.











